El primer año de gestión del alcalde morenista de Naucalpan, Isaac Montoya, parece estar rompiendo inercias y generando un consenso poco habitual.

Con resultados tangibles, en el último año y tres meses, la administración municipal ha apostado por una estrategia que privilegia la cercanía con la gente.

La presencia constante en comunidades ha sido uno de los sellos distintivos para un gobierno que busca legitimarse desde el territorio.

La obra pública, el termómetro más confiable para medir el desempeño de cualquier administración como a modificar favorablemente la percepción de la ciudadanía.

Mayor merito tiene lo anterior cuando ya no es tiempo de premiar solo discursos.

Por ello, la percepción de un edil cercano y comprometido con garantizar mejores condiciones de vida a las y los naucalpenses, sin duda, marcará la diferencia.

Tampoco es descabellado pensar que en 2027 el escenario político pudiera ser distinto.

La gestión de Isaac Montoya parece perfilarse como un periodo de consolidación y confianza.

Nuevamente, el municipio de Naucalpan, históricamente complejo, podría estar ante un punto de inflexión: La continuidad o el cambio. Será, como siempre, la ciudadanía quien lo decida.

Hasta hoy, lo hecho en Naucalpan ha sido bien recibido.

Por Edson